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martes, 4 de octubre de 2011

Crisis económica: El lado visible de un fracaso social.



Estoy releyendo un email circulante que me ha pasado una amiga: un médico se lamenta por haber sido despedido, junto a otros, de un hospital por falta de dinero, hecho con el que nos anticipa una pérdida generalizada en la calidad de la asistencia sanitaria que recibimos.

A continuación ofrece, según él, las causas de esta situación: políticos y bancos, y llama a una movilización exigente y reivindicativa de los ciudadanos-pacientes en defensa de su salud, que en este caso coincide con defender el puesto de trabajo del médico despedido.

He tomado este ejemplo como uno de tantos entre esos casi 5 millones de “desempleados estadísticos” que hay en España ahora, pues aunque bares, terrazas y botellonas siguen llenos, (al menos donde yo vivo), aunque los peatones no se cansan de hablar por el móvil mientras cruzan las calles, aunque siguen las caravanas de coches en las entradas de las ciudades a la vuelta de los fines de semana, y aun considerando la elevada especialización de gran parte de la población española, realmente experta en aparecer fraudulentamente en toda lista oficial susceptible de recibir ayudas en forma de dinero, habrá que pensar que los “parados reales” serán en todo momento proporcionales a los “estadísticos”, y si éstos son ni más ni menos que casi 5 millones, el número de aquéllos también será muy alto.

Hace unos días me llamó la atención la entrevista que reproduzco a continuación:




Su lectura me recordó algo que pienso: Que la tan traída y llevada crisis no ha sido sino la consecuencia directa del modo de vivir de una gran parte de la población y que, por lo tanto, era algo inevitable en el tiempo, lo que es otro modo de decir que es una crisis merecida. Vamos, que tenemos lo que nos merecemos, lo que nos hemos buscado nosotros mismos, (hablo en término de mayorías).

Y no deja de ser irónico cómo muchos beneficiados, más o menos inconscientemente, de una riqueza aparente y prestada coloquen ahora como chivo expiatorio a quien aplaudían no hace mucho por haber legitimado este modo de vida decadente y ruinoso.

 “Los que guían al pueblo lo extravían,
y los guiados perecen.
Por eso el Señor no se apiada de los jóvenes,
no se compadece de huérfanos y viudas;
porque todos son impíos y malvados,
y toda boca profiere infamias.” Is. 9,15.

Hoy, el espejismo de un crecimiento piramidal basado principalmente en la especulación y la codicia se ha desmoronado con estrépito, demostrando que hemos estado viviendo de las rentas acumuladas de generaciones anteriores y de préstamos que ahora debemos devolver con sus intereses.

Con independencia de sistemas políticos y formas de gobierno, las generaciones de los años 40, 50, 60 y 70, cohesionadas por una moral fuerte que promovía el trabajo, el esfuerzo, el respeto, el compromiso, la fidelidad, la responsabilidad y el sentido del deber y la obligación, fueron creando las bases de una sociedad próspera, algunas de las cuales, o muchas de ellas, han llegado hasta nuestros días.

Desde el advenimiento democrático, una cantera de políticos arrogantes y botarates, presurosos por ser protagonistas de la historia, cuya incapacidad no les habría permitido nunca salir del olvido, del ostracismo y el anonimato, se dedicaron a romper el tejido moral de una sociedad para reconstruirla a su modo, promulgando leyes e imponiendo nuevos modelos de relación entre las personas sin evaluar de ningún modo las consecuencias futuras.

Su objetivo fue eliminar lo bueno y lo malo, sustituyéndolos por lo legal, de acuerdo con su ley. El camino: “Haz lo que te apetezca y disfruta sin otros miramientos, porque todo es igual y nada merece la pena de un sacrificio”. Un experimento sociológico consentido por gran parte de los ciudadanos autocomplacientes y deseosos de que nadie los repruebe ni pretenda corregirlos cuando se comportan de forma inmoral. A esto se le llamó libertad.

“Por eso, así dice el Santo de Israel:
Puesto que rechazáis esta palabra,
y confiáis en la opresión y la perversidad, y os apoyáis en ellas;
por eso esa culpa será para vosotros
como una grieta que baja en una alta muralla, y la abomba,
hasta que, de repente, de un golpe, se desmorona;
como se rompe una vasija de loza, hecha añicos sin piedad.” Is. 30,12.

Así, a lo largo de los años han socavado principios como el respeto a la vida, instituciones tan necesarias como la familia y el matrimonio, cuya versión civil está ya prácticamente muerta, las relaciones paterno-filiales, la autoridad de los enseñantes y las relaciones profesor-alumno, los objetivos educativos, las relaciones entre chicos y chicas, entre hombres y mujeres, imponiendo una obsesión pansexualista en la que el placer es el fin último, cuyo logro convierte a las personas en objetos de usar y tirar.

Han inoculado un virus socialmente destructivo: Todo aquello que se opone al deseo puede y debe ser eliminado, destruído. Y, obviamente, muchos de los límites a nuestro comportamiento son los demás, a quienes las leyes y tribunales ya permiten hacer daño en beneficio propio, (ver SIDA y leyes perversas).  Las obligaciones, el sentido del deber y de la responsabilidad de los propios actos se fueron por el desagüe, y con ello, otras virtudes de nuestros padres y abuelos.

La moral que cohesionaba la sociedad ha sido reemplazada a golpe de ley, por estos dos valores supremos: la libertad individual y el bienestar propio. Y esto ha producido, y seguirá produciendo, y aumentando, un deterioro de la convivencia con secuelas de dolor y sufrimiento personal derivados de la traición, la infidelidad, la falta de palabra,... y probablemente desembocará en una progresiva conflictividad y violencia.

Pero el individualismo libertario resulta muy caro y necesita encontrar el modo de que los demás “paguen los platos rotos” de conductas y comportamientos dañinos al bien común, consecuencia del ejercicio de esa máxima libertad individual, que desemboca en el placer y el disfrute como motor fundamental de nuestros actos.

De modo que el heredado sistema de protección social, construído poco a poco por las generaciones anteriores está siendo transformado por estos políticos incapaces de ver más allá de sus propias narices, en un altisonante “estado del bienestar”, proveedor de un “todo gratis” para financiar derechos individuales sin imponer obligaciones, que exime al individuo de la responsabilidad de resolver sus propios problemas, cargándosela a los demás, que establece de facto el principio de igualdad de logros conseguidos, que no de oportunidades para conseguirlos, una igualdad por la que el perezoso y el vago tienen el mismo derecho a poseer los mismos bienes que el trabajador y esforzado, en la que no importa el camino de renuncia y esfuerzo recorrido para obtener un bien, sino que si él lo tiene yo también tengo derecho y el estado debe dármelo “en justicia”. Se ha promovido un escandaloso parasitismo social disfrazado de solidaridad y protección y nos han hecho creer que sus recursos son inagotables, que se trata de una caja sin fondo que puede soportar indefinidamente  actitudes profundamente insolidarias, elevadas a la categoría de derechos por unos gobiernos ignorantes y caciques, promotores de todo tipo de clientelismo, amiguismo y enchufismo. En definitiva, gobiernos que han promovido, ensalzado y aplaudido la actitud de “la cigarra”, despreciando la de “la hormiga”, cuyo destino será proveer de sustento a “las cigarras” cuando llegue el invierno, por una ley hecha “de cigarras”, que hablará de “justicia” y no de “caridad”.

Pero la gran mentira se acaba y la verdad se abre camino mostrando un panorama sombrío: Hemos estado instalados en el despilfarro, viviendo de las rentas heredadas de generaciones anteriores y de ingentes cantidades de dinero prestado que ahora nos exigen devolver con sus intereses.

Porque lo cierto es que la protección social cuesta dinero, y mucho, y un estado no es nada sin ciudadanos suficientes que contribuyan al bien común, por muchas leyes que se promulguen: Quedarán sin contenido. ¿Podemos hacer una ley obligando a los australianos, canadienses, finlandeses,... a pagar nuestros derechos sociales?

No. No nos queda otro remedio que establecer prioridades, saber lo que merece la pena garantizar para todos y recomponer esta máquina de gastar, este pozo sin fondo, eufemísticamente llamado “estado del bienestar”, desde la regeneración moral que necesitamos. El médico del email, enfadado por su despido, olvidó citar que mientras a él y a otros compañeros cirujanos y de otras especialidades los despiden, se transfieren millones de euros a las clínicas que practican abortos. Falta dinero para la salud de las personas, pero no para matar fetos. Éste es un ejemplo, de los muchos que podrían citarse, de lo que hoy es ese “estado del bienestar” y de los comportamientos que promueve entre los ciudadanos.

Hace unos días pasaba junto a un coche aparcado, y una mujer arrojó a la calle, por la ventanilla, un trozo de chocolatina con su envoltorio. Cayó delante de mí, me agaché, lo recogí, la miré y ella a mí, observé que llevaba niños detrás e hice ademán de devolvérselo diciéndole: -“Señora, se le ha caído esto”. Ella respondió, -“No se me ha caído, lo he tirado yo”. –“Señora, eso no está bien y lo están viendo sus hijos”. “Para eso están los barrenderos”, me dijo. Éste fue el final de es conversación.

En el instituto de mi esposa se regalan todos los libros a todos los alumnos. El otro día llamó a casa de uno de ellos para pedirle que devolviera los del curso anterior y poder entregárselos a otro alumno. Los había perdido: Lo que gratis recibió, gratis perdió. Su madre mandó literalmente “a la mierda” a mi esposa en esa conversación. Recibirá, por ley, los libros del nuevo curso, de forma gratuita: el “estado del bienestar”, (tú, lector, y yo), se lo pagará.

Mis compañeros de trabajo parecen tener prisa en que nuestra empresa se hunda: Disfrutan de ERTEs que costea el “estado del bienestar”, que son como vacaciones pagadas, y andan ya haciendo cuentas con las prejubilaciones con las que pasarán al “retiro dorado”, financiado por ese mismo estado, por el resto de sus vidas, sin tener que afrontar sacrificios y rebajas salariales para intentar salvar sus puestos de trabajo. Y los empresarios, lo mismo: ¿Para qué enfrentarse a los trabajadores con duros planes de ajuste, que siempre supondrán pedir trabajar más y ganar menos, si es más fácil cerrar, vender y marcharse, y en esto están de acuerdo tanto los trabajadores como el gobierno?

Termino esta reflexión como la empecé: Tenemos lo que nos merecemos. No individualmente, por supuesto, pues hay muchos españoles muy opuestos a la evolución social de los últimos años, pero son más los que la han aplaudido, sumergiéndose en una corriente de decadencia moral sin haber medido sus consecuencias a medio y largo plazo, y con ello han arrastrado a los demás, llevándolos inevitablemente a las puertas de una pobreza en la que pagarán justos por pecadores.

No obstante, quienes hayan perseverado en sus convicciones morales, a contracorriente,

“con el cinturón de la verdad abrochado, con la honradez por coraza, la salvación por casco y por espada la Palabra de Dios” Ef. 6,14-17

seguro que tendrán una situación personal y familiar que les ayudará a sobrellevar mejor los tiempos difíciles que se avecinan, y no porque disfruten de privilegios o no vayan a sufrir paro y otras desgracias que nos llegarán a todos, sino porque en el matrimonio y la famila cristiana y por extensión, en las comunidades cristianas, es donde la ayuda mutua tiene mayor eficacia. No hay más que pensar en las dificultades para salir adelante de familias rotas porque alguno o ambos cónyuges han ejercido su derecho al divorcio para disfrutar de nuevas experiencias en otras camas. En situación de penuria económica, esto es insostenible. La revista El Magazine de 2 de Octubre ofrece un reportaje sobre deshaucios de viviendas, titulado “Los rostros de la burbuja”. De los cinco casos que presenta, uno es el de una avaricia desmedida que no supo parar a tiempo y de los cuatro restantes, tres corresponden a divorciados que no pueden hacer frente a los gastos hipotecarios ellos solos. El último caso es el de un matrimonio que sobrevive con muchas dificultades, pero que ha conseguido una renegociación de su hipoteca con la que esperan salir adelante. El artículo, probablemente sin quererlo, demuestra claramente que la crisis moral es anterior y originaria en gran medida, de la económica. Ésta no es sino el lado visible de un fracaso social.

Hasta el próximo artículo, si Dios quiere,

Winston Smith.



jueves, 22 de septiembre de 2011

Sida y leyes perversas.

El ateísmo práctico de la sociedad española ha permitido la llegada al poder al ateísmo radical, que está construyendo con sus leyes una sociedad sin Dios, borrando toda huella de Cristianismo.

Desde hace tiempo compruebo cómo estas leyes  recaen sobre la sociedad como castigo sobre los hombres buenos, subordinando su libertad y derechos a los de los hombres malos y a sus intereses. Y todo ello disfrazado de un “buenismo” demagogo de palabras altisonantes, (tolerancia, igualdad, ...), que esconde un servilismo, cada vez mayor, de “huésped a parásito”.

Pienso que es hora de pararse a constatar a quién benefician y a quién perjudican estas leyes “progresistas”; quién vive como quiere, qué conductas son subvencionadas, y quién está obligado a pagar ese modo de vivir  y sus consecuencias. Debemos analizar si nos hemos equivocado de camino, porque nada nos obliga a permanecer en él; si hemos llegado al paraíso de libertad que se prometía, o si somos más infelices y desesperanzados; si nos sentimos más protegidos y seguros en las cosas más importantes de nuestra vida, o más vulnerables; si afrontamos un futuro negro o ilusionado para nosotros y nuestros hijos; si nos sentimos más unidos y confiados, con ganas de cooperar en un proyecto común, o aislados y desconfiados unos de otros, en una especie de “sálvese quien pueda”... Porque igual hay que dar marcha atrás y desandar ese camino, como hiciera el “hijo pródigo”.

Aunque, probablemente, igual que él, aún necesitemos caer más, degustar “la comida de los cerdos”, para tomar conciencia de lo perdido.

“Hay que Pensar, hay que Creer” trae para la reflexión una sentencia reciente del Tribunal Supremo en recurso a otra de la audiencia provincial de Madrid, con relación a una mujer que denunció a su ex-marido, quien, sabiéndose portador de SIDA, nunca la informó, resultando contagiadas ella y la hija de ambos.

Aquí tenéis la noticia:

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JUSTICIA | Dos años de cárcel y 50.000 euros de indemnización

El Supremo no ve delito en que un enfermo de sida no informe a su pareja

  • La mujer se dio cuenta de estar contagiada al caer enferma la hija de ambos
  • La sentencia destaca la 'evitabilidad' de la acción del acusado
  • 'Lo que va a pagar va a ser poco', afirma la ex mujer, que sigue en tratamiento
Europa Press | Madrid
Actualizado martes 02/08/2011 12:43 horas
El Tribunal Supremo considera que el hecho de que un enfermo de sida no comunique a su pareja esta circunstancia a la hora de mantener relaciones sexuales, "por mucho que pueda ser justamente objeto de reprobación desde el punto de vista ético", no constituye una conducta ilícita desde el punto de vista penal siempre que no se haya tenido intención de ocasionar la transmisión y no se hayan omitido "los exigibles deberes de cuidado".
Así lo establece el Alto Tribunal en una sentencia en la que, pese a realizar esta precisión, condena a Rodrigo M.L. como autor de dos delitos de lesiones imprudentes a dos años de prisión y a indemnizar tanto a su ex mujer como a su hija con 20.000 y 30.000 euros "por sus respectivos perjuicios", puesto que ambas resultaron contagiadas.
En este caso, la Audiencia Provincial de Madrid había absuelto a Rodrigo del delito de lesiones del que había sido acusado por su ex mujer tres años después del divorcio. Según el relato de hechos probados, pese a conocer que estaba infectado con el VIH desde 1994, este hombre comenzó a tener relaciones sexuales con su pareja sin comunicarle su enfermedad, si bien utilizaba preservativo.
La Audiencia señaló como probado que "en alguna ocasión el preservativo se rompió", y que la mujer quedó embarazada y cayó enferma, dándose cuenta en dicho momento de que estaba contagiada de SIDA. Tuvieron una niña, que fue contagiada por su madre durante el parto. La pareja se casó en 1999 y se divorció cuatro años más tarde.

Ausencia de intención de lesionar

El Tribunal Supremo coincide con la Audiencia de Madrid en la existencia, en este caso, de una "incuestionable ausencia de intención de lesionar" por parte de Rodrigo a su pareja ni a la hija de ambos. No coincide sin embargo con la afirmación del tribunal de instancia sobre la ausencia de un riesgo susceptible de desaprobación sólo por el hecho de que el hombre utilizara preservativo en sus relaciones sexuales.
A juicio del Supremo, la ausencia de comunicación de la enfermedad "no puede considerarse por si misma (...) como causa eficiente del gravísimo resultado acontecido". No obstante, sí existe imprudencia, que debe ser además considerada de grave, "por la importancia del riesgo ocasionado y la entidad del resultado potencial derivado del mismo" pese a la utilización del preservativo.
Según la sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado José Manuel Maza, en este caso nos encontramos con "un comportamiento descuidado, en el sentido de no poner la diligencia necesaria para evitar esas roturas o, en todo caso, susceptible de generar un riesgo real y efectivo, cualquiera que fuere el origen o causa del mismo".

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A mi modo de ver, esta sentencia pone de manifiesto algunas perversiones del sistema legal y jurídico español, en cuanto contradice la justificación última, no sólo de la propia existencia de tal sistema, sino de la del propio estado de derecho, que no es otra que la protección de la vida y bienes de sus ciudadanos frente a cualquier abuso o peligro.


1ª Perversión:

Éticamente hablando, los actos humanos se valoran o califican como buenos o malos. La afirmación que  hace la sentencia al decir ‹‹"por mucho que pueda ser justamente objeto de reprobación desde el punto de vista ético", no constituye una conducta ilícita desde el punto de vista penal››, supone el reconocimiento de un divorcio entre ética y ley y por tanto, que ésta ampara o puede amparar, apoyar y defender, a sabiendas, conductas éticamente reprobables, es decir, actos de maldad. Y los actos malos lo son porque producen daños de algún tipo en víctimas inocentes.

2ª Perversión:

La sentencia asume como principio de legalidad la ocultación deliberada del riesgo a terceros en beneficio propio, quitando la capacidad de decidir sobre su aceptación a la posible víctima expuesta a ese riesgo.

Esto es algo totalmente contradictorio en otros ámbitos de la justicia, en los que sería impensable, y se da en éste como reflejo del apoyo del sistema jurídico-legal a la ideo-patología sexual que el poder político quiere imponer por medio de sus leyes. ¿Os imagináis algún empresario que no informara de la existencia de riesgos laborales graves a sus trabajadores, en la confianza del correcto funcionamiento de las medidas preventivas que hubiera adoptado? ¿Os imagináis una denuncia por parte de unos empleados cuya salud hubiera resultado gravemente dañada tras el fallo de un elemento de seguridad y no haberse alejado del riesgo debido al desconocimiento de su existencia? Seguro que tal ocultamiento habría sido tipificado como delito en sí mismo.

Hoy la legislación obliga al “consentimiento informado” del paciente a cualquier método de diagnóstico para la detección y tratamiento de una enfermedad, a pesar de que el riesgo sea estadísticamente irrelevante y de que se tomen todas las medidas de seguridad. Sin embargo, los riesgos deben ser conocidos y asumidos previamente por quien los va a correr: el paciente aquí.

En contraste con lo anterior, en el caso presente queda de manifiesto que en nuestro sistema jurídico-legal, la libertad de una persona de asumir o rechazar un riesgo gravísimo de contraer SIDA en su relación con otra, conocedora de su enfermedad, está subordinada al deseo de ésta de no perjudicarse exponiendo su relación a la ruptura si manifiesta la verdad. Se promueve, pues, la ocultación engañosa en beneficio propio, como pauta de conducta y modo de relación interpersonal, sacando provecho de la ignorancia y el desconocimiento del otro.

3ª Perversión:

En el ámbito de las relaciones sexuales, la ciega paranoia sexualista que impregna las leyes españolas llega al paroxismo de establecer como norma axiomática que el riesgo de contagio de SIDA es cero absoluto si se usa preservativo en las relaciones sexuales.

Salvo desde un seguimiento ciego a una ideología de sexualidad aberrante que pone el disfrute sexual por encima del derecho de las personas, es obvio, y a la razón de los jueces no se le puede haber escapado, que en una situación de convivencia continuada e íntima con una persona seropositiva el riesgo de contagio de SIDA existe, y no sólo por  la vía sexual. Ajena a la menor racionalidad, la sentencia habla de una “incuestionable ausencia de intención de lesionar” por usar preservativo, omitiendo, en olvido imperdonable, todas las posibilidades de contagio accidental que esa diaria convivencia puede presentar si no se conoce el riesgo: uso ocasional de una misma cuchilla de afeitar/depilar, contacto con sangre en un corte accidental, etc.

“La Audiencia señaló como probado que ‹‹en alguna ocasión el preservativo se rompió››, y que la mujer quedó embarazada y cayó enferma, dándose cuenta en dicho momento de que estaba contagiada de SIDA. Tuvieron una niña, que fue contagiada por su madre durante el parto.”

La tesis de la audiencia, con la que exime al individuo portador de SIDA de toda obligación de informar del riesgo a su pareja, está basada, únicamente, en que emplea preservativo en las relaciones sexuales... A pesar de ser esta tesis incomprensible,  injusta, (respecto de las víctimas), y absolutamente limitada e incompleta, como se ha indicado más arriba, ¿por qué para el tribunal sigue el hombre exento de esa obligación después de la primera rotura de cuantas se citan como probadas? Habiéndose probado esas roturas, es imposible no apreciar omisión de "los exigibles deberes de cuidado" por no informar de inmediato a la mujer para que hubiera podido recibir la atención médica necesaria con la mayor urgencia y tratar de prevenir el desarrollo de la infección. Omisión que según señala la misma sentencia, es constitutiva de conducta ilícita desde el punto de vista penal.

Sin embargo, ambas audiencias se han empeñado en confundir  “ausencia de intención de lesionar” con la simple “indiferencia o mínima preocupación por lo que le pudiera ocurrir a la mujer”. De hecho, el uso del preservativo le prevenía a él mismo de un riesgo: Tener un hijo.
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Aunque la ofuscación del entendimiento de muchos demuestra que no hay mayor ciego que quien no quiere ver, ni mayor sordo que quien no quiere oir, este juicio es una prueba más, (y en sede judicial), de la falsedad y simpleza del axioma que la ideo-patología obsesosexual dominante ha instalado en los poderes públicos y sus instituciones, que asegura que el uso del preservativo elimina el riesgo de contagio de SIDA en una relación sexual. Casos como el aquí descrito demuestran que esto es, sencillamente, una mentira, y que no sólo no se elimina el riesgo de contagio, sino que ni siquiera se elimina la posibilidad de embarazo. Simplemente los reduce, mucho, pero no los elimina. Obviamente, el aumento de la frecuencia sexual amparada en el supuesto de “seguridad total”, multiplicada por una cierta probabilidad de contagio en cada relación, que no es cero, eleva en el tiempo de forma considerable el riesgo final de contagio y embarazo. Rotura, mala colocación, etc., da igual la causa. No basta con el argumento de la calidad y porosidad del látex. El riesgo en el uso del preservativo no sólo depende del mismo, sino de todos los factores que intervienen en el procedimiento de su empleo y colocación, factores que no son, ni con mucho, tan objetivables como la porosidad de un látex, ya que dependen de una práctica operacional que debe aplicarse cada vez y en circunstancias cambiantes.

Por todo ello, existe un riesgo intrínseco e inherente al uso del preservativo que no puede achacarse únicamente a un “comportamiento descuidado”, como dice la sentencia, fundamentada en un dogma previo de infalibilidad que establece que la mera presencia de fallos no lo cuestionan o contradicen, sino que, asumiéndolo, son prueba en sí mismos de descuido. Ejemplo de falta de racionalidad propia del sometimiento a la “verdad políticamente correcta” es la afirmación de la audencia provincial de que no hay riesgo susceptible de desaprobación sólo por el hecho de emplear preservativo. La realidad es que siempre hay riesgo por lo que su ocultación constituye una conducta inmoral que también debería ser delictiva.

Me contaba mi esposa, a raíz de una novela sobre un caso real que ha leído recientemente, el de una mujer que vivió la subordinación al hombre propia de la cultura tradicional de su país: Japón, y cómo eso contrastaba con la supuesta independencia de la mujer en la sociedad occidental. Su marido contrajo una enfermedad venérea, la gonorrea, en relaciones con prostitutas, y contagió a la mujer, una enfermedad que por entonces no tenía cura. Muchas mujeres japonesas sufrían este mismo problema, por la desidia de sus maridos y sus devaneos sexuales fuera del matrimonio.

Aquí, ahora, en pleno siglo XXI, un hombre ha ocultado a su mujer, de forma deliberada, su condición de ser portador de SIDA, impidiéndola, por tanto, la aceptación del riesgo derivado de la convivencia y la adopción de medidas adicionales de prevención. El resultado ha sido el contagio de la mujer, (sin que pueda determinarse su origen, sexual o no), y de la hija de ambos. Dos mujeres afectadas de una enfermedad hoy incurable, una desde nacimiento, contagiadas por un hombre que ha subordinado el derecho de ambas a su personal perjuicio por una eventual ruptura de la relación que el conocimiento de la verdad hubiera podido propiciar.

Pues en esta sociedad tan modena, progresista y avanzada, no ya un grupo social atrasado y rural, sino el mismísimo sistema jurídico-legal y judicial han determinado, en primera instancia, que no hay conducta reprobable alguna, y, en máxima instancia, que aunque éticamente se pueda reprobar la conducta del hombre, las leyes no están para eso y con ellas ese comportamiento no es delito.

Curiosamente, ninguna asociación feminista, o de todas las que existen dentro y fuera de las instituciones para la defensa de la mujer maltratada, se ha “solidarizado” con estas dos mujeres, víctimas del egoísmo de un hombre, y ninguna de ellas ha protestado contra unas sentencias que admiten la subordinación de la propia salud de esas mujeres a los intereses personales de un hombre.

Vivimos una sociedad de moral decadente y corrupta que está subordinando lo bueno a lo malo. El “derecho a pecar”, disfrazado de libertad, nos conduce poco a poco a una sociedad de dominadores y dominados, de tiranos y siervos, en la que los buenos terminarán estando al servicio de los malos, pagando las consecuencias de sus malas conductas.

Toca que cada cual juzgue en qué lado va a estar uno mismo, sus hijos y sus allegados, si en el de “contagiadores” o en el de “contagiados”. Y si en el análsis se da cuenta de que estará del lado “parásito”, disfrutando “sus derechos” a costa de otros, preferirá que las cosas sigan el curso que ya llevan. Pero si se da cuenta de que finalmente será de los “servidores y pagadores” comprenderá que es necesario desandar gran parte del camino andado, eliminando las leyes que están posibilitando la perversión moral de la sociedad, cambiándolas por otras que promuevan y defiendan lo bueno.

Finalmente, a nivel personal, la opción será: Cristianismo o perversión, “ésta es la cuestión.”

Hasta el próximo artículo, si Dios quiere.

Winston Smith.




jueves, 8 de septiembre de 2011

Eutanasia y amor al prójimo: ¿Y quién es mi prójimo?... Pero un samaritano se movió a compasión, lo condujo a una posada y cuidó de él... Y Jesús le dijo: Vete y haz tú lo mismo. Lc. 10,29-37.

Navegante perdido que me lees desde vete a saber dónde... Te saludo. Tras un descanso veraniego vuelvo a tomar este blog, no sé si para encontrarme contigo o conmigo... pero aquí estoy de nuevo.

“Hay que Pensar, hay que Creer” trae hoy para la reflexión una noticia triste, muy triste. Hace ya tiempo que el poder político ha expulsado a Dios de su sitio y ha ocupado su lugar, como en un Génesis tristemente cíclico y atemporal, personal y colectivo: la fascinación por comer del fruto del árbol de la ciencia del Bien y del Mal, para ser el hombre, y no Dios, quien decida lo bueno y lo malo con sus leyes humanas. Y siempre que el hombre reproduce el Génesis se olvida de que ese pecado original de soberbia le conduce al dolor, al sufrimiento y a la muerte.

Una de las mayores obsesiones de la pequeña y arrogante criatura humana es el poder sobre la Vida: poder para darla y poder para quitarla. La noticia de hoy es una de sus múltiples manifestaciones.





D.E.P. Ramona Estévez

La anciana, que estaba en coma, ha fallecido 14 días después de que se le negara el alimento y la hidratación, en cumplimiento de la ley andaluza de 'muerte digna'. "Bajo ningún concepto vamos a permitir que haya quien utilice una situación traumática para avanzar en una agenda ideológica radical e inhumana”, advierte la Dra. Joya.
REDACCIÓN HO.- Después de que la Junta de Andalucía indicara al hospital Blanca Paloma el pasado 23 de agosto que debía retirar la sonda nasgástrica a la paciente en cumplimiento de la Ley  andaluza de Muerte Digna, lo que la condenaba a la anciana, que permanecía en coma tras un infarto cerebral sufrido de 26 de julio, a una lenta muerte de hambre y sed, Ramona Estévez ha fallecido este martes sobre las 12,00 horas en el Hospital Blanca Paloma, donde se encontraba ingresada.
Según han informado a Europa Press fuentes cercanas, la mujer ha fallecido este martes, 14 días después de la retirada de la sonda en el citado centro hospitalario.
Derecho a Vivir (DAV) interpuso una denuncia ante los tribunales de Huelva para pedir la tutela judicial y solicitar el restablecimiento de la sonda nasogástrica a la paciente y una querella contra la consejera de Salud de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, y contra el hospital Blanca Paloma por un posible delito de omisión del deber de socorro. Más de 25 mil personas piden que Ramona Estévez no muera de hambre y de sed a través de una alerta de HO, en las 48 primeras horas de ser habilitada. 
No obstante, el juzgado las archivó por entender que nuestra,plataforma “no es parte interesada en el procedimiento" y porque esta era "la voluntad" de la paciente, y ello sin que exista testamento vital ni se haya certificado en modo alguno prueba que lo avale, solo el testimonio de su hijo sobre lo que supuestamente le habría manifestado su anciana madre. Un testimonio insuficiente, como expresó DAV en su querella, ya que no hay constancia probatoria que exprese por parte de la paciente una voluntad "seria, expresa e inequívoca", como exige la ley, para que se efectúe esta retirada de cuidados básicos. DAV había anunciado su recurso cuando se ha producido la noticia del triste desenlace.

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Descanse en paz y en Dios, de

Enviado por bienvepl el Mar, 06/09/2011 - 14:21
Descanse en paz y en Dios, de todo corazón. Y lo mismo para su familia, aunque no estemos de acuerdo con ellos.
Y que estos hechos no sienten precedente, aunque se ha dado un paso muy peligroso. Como se señala en la noticia, no existe constancia documental de la voluntad de Ramona. Ahora bastará la mera declaración de un pariente cercano o un mero conocido para asesinar a un enfermo inconsciente e indefenso.
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Dios la tenga en la Gloria y

Enviado por sicvosnonvobis el Mié, 07/09/2011 - 01:02
Dios la tenga en la Gloria y muestre con sus  familiares la misma Misericordia que con nosotros. Él nos perdone a todos.
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Éste ha sido el primer caso en que se deja morir a alguien en España en aplicación de una ley eufemísticamente llamada “de muerte digna”... Y, ¿qué tenía de indigna la vida de esta mujer desde que le sobrevino la enfermedad el 26 de julio pasado? La indignidad de llevar inconsciente menos de un mes y, la peor de las indignidades, tener 90 años de edad. ¿Es que habrían hecho lo mismo con una persona de 30 ó 35 años, ó con un niño? ¿Con un mes escaso de inconsciencia por cualquier enfermedad o accidente, habrían retirado la alimentación a alguien más joven? Pensadlo... La indignidad no ha sido otra cosa que la vejez.

Ramona ha muerto de hambre y sed, no de ninguna enfermedad, no de la desconexión de ninguna máquina que artificialmente mantuviera sus constantes vitales, no... Simplemente ha muerto porque le han quitado la comida, porque no siendo capaz de comer por sí misma por estar inconsciente, le han retirado la alimentación nasogástrica. No le han suprimido un tratamiento, sino un cuidado básico: Han decidido que debía morir.

¿Y quiénes lo han decidido? Su hijo, el poder del estado y algún médico o enfermero “obediente”, mientras el resto del personal sanitario “miraba para otro lado”.

No ha hecho falta acreditación ninguna del deseo manifestado por esta señora de no querer seguir viviendo en éstas u otras circunstancias, no se ha exigido “testamento vital” alguno. Ha bastado, únicamente, la indicación al respecto de un familiar, su hijo en este caso, y han decidido dejarla morir, o matarla, que en este caso poca diferencia hay.

Poco a poco las leyes del hombre, su pecado original, van convirtiendo los santuarios de la vida humana en ámbitos de muerte: El vientre materno y los hospitales. Y en verdugos a quienes más llamados están a proteger la vida: las madres, los médicos, los poderes públicos.

Ni la Iglesia, ni la Medicina han aprobado nunca el “encarnicamiento terapéutico” que mantenga con medios extraordinarios una vida sin esperanza de recuperación, prolongando artificialmente la agonía y el sufrimiento. Los cristianos aceptamos la muerte, sabemos que todos debemos morir, que es un paso obligado para el encuentro con Dios en la vida eterna. No hacen falta leyes para eso. Se trata, pues, de otra cosa, aunque se enmascare tras una palabrería sensiblera: Simplemente se trata de decidir quién vive y quién muere. Un verdadero placer libidinoso para el poderoso henchido de soberbia.

¿Y las instituciones garantes de los derechos de las personas? “Ni estaban, ni se las esperaba”. Han “mirado para otro lado”. Aquí tenemos..., bueno, el poder tiene, Jueces, Fiscales y hasta Defensor del Pueblo... Nadie, absolutamente nadie, ha pedido la realimentación de forma cautelar en tanto se aclaraban las circunstancias... Había una enorme prisa en acabar cuanto antes con la vida de esta señora...

Todavía recuerdo la actitud de los jueces en el caso de un terrorista confeso de la muerte de 25 personas, Ignacio de Juana, en huelga de hambre para presionar al gobierno, el mismo gobierno que ha dejado morir de hambre y sed a Ramona. En la misma Wikipedia podéis leer:

“El día anterior a la recepción oficial de su condena y ante la noticia no oficial de la misma, comenzó una nueva huelga de hambre porque en su opinión ya había cumplido su condena. El 16 de noviembre la Audiencia autoriza controles médicos del preso para velar por su salud y su integridad física. Al negarse a alimentarse, el 24 de noviembre, la Audiencia ordenó su traslado a la Unidad de Nutrición del Hospital 12 de Octubre de Madrid. El 12 de diciembre, De Juana comienza a ser alimentado, en contra de su voluntad, con una sonda nasogástrica.”

Está claro, el verdadero fondo de la cuestión es el poder de decisión sobre quién vive y quién muere. Hoy, una anciana con 90 años... ¿mañana?

Hasta el próximo artículo, si Dios quiere.

Winston Smith

miércoles, 13 de julio de 2011

No hay conflicto entre Razón y Fe, sino entre Moral y ley.

Quiero exponer hoy mis reflexiones tras la lectura de "Samizdat", la publicación que incluí en el artículo anterior.

En una sociedad que se aleja de Dios el cristiano deberá afrontar, antes o después, un conflicto entre lo moral y lo legal. Ambas concepciones del mundo y del hombre, de su origen y su destino, la atea y la religiosa, son esencialmente antagónicas y su divergencia en una sociedad descreída como la nuestra, aumenta con el tiempo y el efecto pedagógico de leyes que van disolviendo una moral pública de raíces históricamente cristianas, que hoy ha perdido su fundamento en la Fe para una gran mayoría de ciudadanos.

Leyes que, por otro lado, promueven una sociedad amoral que aliena a sus individuos, pretendiendo sustituir como motor orientador de sus actos y decisiones libres, su conciencia por la fuerza sancionadora y coactiva de una ley de mayorías cambiantes. Reemplazando lo moral por lo legal, el hombre deja de gobernarse a sí mismo y es gobernado desde fuera, con criterios dependientes de los intereses y conveniencias de mayorías circunstanciales.

El ateísmo práctico dominante de una gran mayoría de la sociedad ha permitido, en lógica democrática, la llegada al Poder del ateísmo militante, que pretende reconstruir con sus leyes la sociedad misma y las relaciones interpersonales, imponiendo sus planteamientos ideológicos, excluyendo y despreciando los que sean opuestos o diferentes. Hace poco recordaba la rapidez de este proceso de divergencia entre lo moral y lo legal, o dicho de otro modo, el veloz alejamiento entre la presente sociedad sin Dios y el modelo cristiano, cuando revisaba mis suscripciones a organizaciones solidarias.Veía cómo, tiempo atrás, resultaba fácil compartir criterios sobre el modo de prestar y organizar la ayuda humanitaria con organizaciones aconfesionales, no vinculadas a la Iglesia. Ahora he tenido que darme de baja de la mayoría de ellas, porque ya incluyen en su concepto de ayuda el adoctrinamiento ateo en la promoción de cuestiones tan graves y radicalmente enfrentadas con la moral cristiana como el aborto, el adulterio, la promiscuidad o el homosexualismo.

Hace unos meses leí la noticia de que ha tenido que cerrar sus puertas una organización británica, “Catholic Care”, dedicada a la adopción de niños huérfanos. El motivo ha sido su negativa a darlos en adopción a parejas homosexuales. De nada sirve que otras asociaciones afines a la doctrina gobernante sí lo hagan, garantizándoles por tanto esos supuestos derechos que las leyes les atribuyen, ni que el número de casos afectados sea absolutamente irrelevante en relación con las adopciones realizadas a través de “Catholic Care”, ni la experiencia y el servicio prestado durante muchos años, ni que la adopción por homosexuales sea un asunto controvertido y polémico sobre el que muchos ciudadanos mantienen serias dudas acerca de los efectos sobre los niños adoptados y la legitimidad de que éstos sean empleados como “conejillos de Indias” en el laboratorio de la experimentación sociológica: Si por su ideario cristiano no aceptaba la imposición doctrinaria sobre el homosexualismo sólo le quedaba desaparecer. Y así ha sido.

Hay muchos ejemplos ya que muestran un ateísmo militante en el Poder que no tiene ningún respeto por la libertad de las personas, centrando todo su interés en una transformación individual y colectiva de acuerdo con sus planteamientos doctrinarios e ideológicos, excluyendo legal y socialmente toda oposición, limitando la libertad del pensamiento discrepante a los contornos de la intimidad personal, negándole su legítima capacidad de expresión y realización. Una sociedad no es libre porque los partidarios pueden aplaudir las ideas de su gobierno, sino porque los que se oponen pueden discrepar públicamente de ellas. Así, un sistema democrático no asegura un régimen de libertades, tan sólo establece el Poder de una mayoría, aunque pueda ser exigua, cambiante, manipulada o injusta. Es el modo de ejercer el Poder el que produce una sociedad libre o una tiranía.

El problema que muchos tratan de presentar como un conflicto entre Razón y Fe no es tal. De hecho, prácticamente en todos los campos del saber la Razón construye la estructura del conocimiento apoyándose en axiomas o teoremas fundamentales. También desde la Fe, la Razón se asoma a una realidad sobrenatural.

De hecho, que un profesor de Ciencia Política contraponga Fe y Razón sobre la base de que “La fe es una creencia que no precisa de mayor instrumento que la voluntad del creyente de dar por válida la existencia de una entidad metafísica”y que “Por el contrario, la razón, que es la que organiza el método científico ,(...), necesita criterios de lógica y demostrabilidad para avanzar” encierra, cuando menos, una profunda contradicción personal, pues, desde luego en lo que a él se refiere a tenor de su esperable formación académica, debe hacer el mismo ejercicio de voluntad para creer en la existencia, sea de una entidad metafísica, sea de una entidad física no directamente visible. Ése profesor en concreto, que no pertenece al ámbito de ciencias, acepta y adhiere el testimonio que recibe de aquéllos en quienes confía, tanto si lo hiciera para creer en el Dios que se reveló a los hombres y transmitieron esta revelación, como haciéndolo para creer en la existencia de los electrones, transmitida por los hombres que los descubrieron y aportaron pruebas que, probablemente, el profesor nunca entenderá. Dudo mucho, por tanto, que este profesor pueda “demostrar” personalmente alguna de esas dos creencias.

El alarde de un“integrismo” ateo que pretende adueñarse de la Razón y la ciencia en beneficio propio, llega al máximo cuando dice que “en las leyes de Dios se cree, las leyes de Darwin se saben...”, como si la Fe en un Dios Creador no pudiera tener puntos de encuentro con la teoría evolucionista y como si el Darwinismo no necesitara “creer” en la existencia de innumerables “eslabones perdidos” para poder resolver las grandes lagunas que quedan por explicar. Sólo los ignorantes que quieren usar la ciencia como instrumento de adoctrinamiento ateo pueden permitirse hacer afirmaciones tan rotundas.

Como decía antes, el conflicto que el profesor Monedero y muchos otros tratan de presentar intencionadamente como conflicto entre Razón y Fe no es tal. El verdadero conflicto es anterior, la verdadera incompatibilidad se da entre ateísmo y religión, entre la Ley de Dios y la ley de los hombres, incompatibilidad que les hace ser mutuamente excluyentes.

En mi opinión, resulta muy interesante hacer un análisis detallado de la tercera pregunta de las entrevistas:

“3  La presencia en la so­ciedad - y por lo tanto en la Universidad - de opiniones diferentes es algo inevitable en democracia. Esto implica que solo el diálo­go y la discusión pueden ser un camino hacia una convi­vencia verdaderamente pací­fica. ¿Cómo cree usted que se construye un verdadero diálo­go pacífico, incluso entre opi­niones diferentes?”

En la introducción a la pregunta se hacen afirmaciones de generalización inexacta. Por un lado, la presencia de opiniones diferentes es independiente de la forma política de gobierno y, además, no es inevitable. Sí depende del modo en que se ejerce el Poder, que las opiniones discrepantes puedan hacerse públicas libremente. Por otra parte, en una sociedad cohesionada en torno a un mismo código moral no tienen porqué darse, inevitablemente, diferencias de opinión relevantes, aún con forma de gobierno democrática.

“...solo el diálo­go y la discusión pueden ser un camino hacia una convi­vencia verdaderamente pací­fica...”

Este punto requiere un especial análisis. La población creyente, minoritaria en la sociedad ateizada actual, se encuentra ante una seria disyuntiva, una vez que la presión del ateísmo dominante ha desarrollado un cuerpo legal que se opone gravemente a la moral católica. El diálogo y la discusión no nos sirven a los cristianos para alcanzar un consenso con el ateísmo militante en cuestiones que atentan gravemente a la moral cristiana; no podemos llegar a un acuerdo discutiendo el número de semanas del aborto legal, los requisitos para la eutanasia activa o la clonación para producir esclavos. Cruzadas líneas rojas como la del aborto, que legaliza el “crimen nefando”, los cristianos debemos cuestionarnos si nos es lícito permanecer dentro de un sistema inicuo que ha consagrado como derechos, graves pecados contra la Ley de Dios;  si frente a ello basta con decir “yo no aborto” y seguir siendo buenos ciudadanos respetuosos con las leyes; si nuestra permanencia voluntaria en este sistema supone un reconocimiento de legitimidad, o si, por el contrario, deberíamos rebelarnos frente a este homicidio legal, declarar ilegítimo un Estado que ha arrebatado el derecho a vivir de todo ser humano no nacido, abandonar todo colaboracionismo y desarrollar modos de resistencia no violenta y prácticas de desobediencia civil, a partir del compromiso personal y el testimonio. De nuevo nos encontramos ante hechos y leyes gravemente inmorales, como los cristianos de otro tiempo vivieron la esclavitud o el nazismo. Numerosas críticas se han vertido sobre la inhibición de muchos de ellos entonces... ¿qué haremos ahora?

De nuestro lado, la ausencia de violencia en la confrontación con el ateísmo no es resultado de una convicción política que se pliega a la conveniencia, ni el fruto de ningún diálogo o discusión, sino que constituye una profunda exigencia cristiana que obliga al amor a los enemigos y a poner la otra mejilla cuando nos abofetean. No son la democracia ni el diálogo los garantes de la paz para los cristianos, sino la propia conciencia fundamentada en los principios evangélicos.

Del lado ateo, bien explicitado por el profesor Monedero, ya sabemos:

lo relevante no es que unas estudiantes se quitaran la camiseta, sino la propia existencia de las capillas...”

Como en tantas ocasiones, cuando le conviene, el ateísmo convierte a la víctima en culpable, simplemente por existir. Debería, pues, asumir las consecuencias y las agresiones que reciban hasta que pongan el remedio de su culpa: dejar de existir.

El ateísmo militante no tiene el más mínimo interés por un diálogo pacífico. Simplemente quiere la desaparición de toda influencia y simbología religiosas en la sociedad. Haya pocos, muchos o muchísimos creyentes.

“...Cuando muchas personas sufren de una alucinación se le llama religión.” De ahí que sea esencial separar los ámbitos de la fe y los de la ciencia.”

Es obvio que frente a tal capacidad de diálogo y respeto, no cabe otra cosa que el testimonio de nuestra Fe. También queda claro quiénes tienen un gran interés en presentar un conflicto entre Razón y Fe.

 Hasta el próximo artículo, si Dios quiere.

Winston Smith

viernes, 8 de julio de 2011

SAMIZDAT

SAMIZDAT

Según la Wikipedia, SAMIZDAT fue la copia y distribución clandestina de literatura prohibida por el régimen soviético y, por extensión, también por los gobiernos comunistas de Europa Oriental (Bloque del Este) durante la denominada Guerra Fría. De esa manera, muchas veces los disidentes lograban sortear la fuerte censura política.

Evocador y sugerente título para una publicación que, desde la libertad y el respeto, defiende la concepción cristiana del mundo y del hombre, en un ambiente en el que están proliferando actos de gran hostilidad frente al hecho religioso, cuando debería ser precisamente el ámbito más abierto para la libre expresión de todas las fuentes de conocimiento y experiencia humanos, la Universidad.

En la Samizdat, cada receptor hacía sus propias copias, incluso a mano, repartiéndolas entre sus conocidos y allegados, formando una red piramidal que escapaba de la censura totalitaria y daba la mayor difusión posible de los escritos prohibidos. "Hay que pensar, hay que Creer" se ofrece como un eslabón de esta Samizdat en defensa del pensamiento cristiano y como denuncia de la censura a la que el ateísmo militante lo quiere someter.

Disfrutad de su lectura y hasta el próximo artículo, si Dios quiere.

Winston Smith
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martes, 5 de julio de 2011

El matrimonio civil ha muerto.

Últimamente, y cada vez más, vengo enterándome de hechos que al principio me resultaban insólitos, pero en los que ahora claramente veo las consecuencias de una legislación que con tanta facilidad permite romper, incluso unilateralmente, un matrimonio, sin límite de tiempo, razón y circunstancia; que tan exiguos derechos le otorga como base de una familia y que impone su equiparación con cualquier tipo de unión que incluya práctica sexual. El efecto pedagógico de todas estas leyes no ha hecho otra cosa que destruir la institución matrimonial civil, convirtiéndola en el vínculo contractual menos relevante, el más fácil de incumplir, burlar y traicionar, el que menos indemnizaciones exige por su vulneración. En definitiva, el matrimonio civil ha muerto, o mejor dicho, lo han matado. El compromiso de fidelidad, la promesa dada y recibida, han sido depreciados de tal modo que el matrimonio civil ha perdido todo el valor, la trascendencia y el significado que tuviera cuando estaba inspirado en el modelo matrimonial cristiano.

Pero, no por ello se han revalorizado las uniones equiparadas. Tampoco la libertad destructiva ha elevado las cotas de felicidad de cónyuges y ex-cónyuges, sino que ha envenenado su relación propiciando el desamor, la desconfianza y el desengaño,  promoviendo la ruptura antes que la reconciliación y creando una cultura de relaciones de “usar y tirar”.

Las políticas insensatas de la ideopatología dominante respecto del matrimonio han sido tan de “tierra quemada”, que hoy día, casarse conlleva más perjuicios que mantenerse soltero.

En las últimas semanas he conocido varios casos significativos. Sabía que un compañero de trabajo había tenido su segundo hijo no hace mucho, pero no sabía que él y su mujer no estaban casados. La razón, si se casan la mujer pierde la consideración de madre soltera y con ello la preferencia a tener a sus hijos en el colegio que ambos desean para ellos.

Otro ejemplo. Por ciertas razones tuve que localizar a la propietaria de un piso. Cuando la conocí, tiempo atrás, vivía sola con una hija adolescente. No sé si era divorciada o madre soltera, pero ahora tenía un “novio”, según decía ella misma. Últimamente había perdido su empleo y decidió irse a vivir con el “novio”, llevándose a su hija con ella. Según parece no les va mal en su vida “matrimonial”, pero no piensan casarse, porque siendo ella madre soltera o divorciada con hijo, tiene una ayuda económica mensual de 400 o 500 euros que perderá si se casa.

Y otro más. Hace algún tiempo me sorprendí al saber que un conocido, trabajador en una buena empresa y con un buen sueldo,  había solicitado en el Ayuntamiento la adjudicación de una “vivienda social” y estaba a la espera . ¡Imposible!, pensaba para mí, con su nivel de ingresos no pueden dársela. Claro, que me olvidaba de su mujer... Ahora están a punto de tener un hijo y, a efectos legales, la “familia uniparental” de su mujer supondrá un jugoso lote de puntos y ayudas que perderán si se casan...

Queda, pues, claro que el matrimonio civil es papel mojado y cualquier otra situación recibe más beneficios de las leyes.

Pero la diferencia de trato no acaba ahí, porque ningún Estado “hace magia” con el dinero o la riqueza, de modo que las ayudas o subvenciones que concede por ley a algunos grupos de población son directa o indirectamente financiadas por el resto, lo que significa que los matrimonios civiles costean con sus impuestos toda una pléyade de dádivas que precisamente favorecen la extinción de la institución matrimonial que ellos representan, beneficiando que las parejas no contraigan matrimonio civil. Hoy, en nuestra sociedad hay que pagar peaje por estar casados.

Cuando hasta la saciedad nos dicen que el Estado debe respetar la libertad de los ciudadanos para elegir el modelo de convivencia y “familiar” que deseen y que, no puede admitir “discriminación” entre ellos, no deja de ser irónico que los modelos “no matrimoniales” reciban ayudas y los matrimoniales no, cuando todos se sustentan en la libertad de los individuos y según las leyes son todos supuestamente iguales. En consecuencia con la ley, todo este conjunto de beneficios legales a las formas de convivencia no matrimoniales son, realmente, un ejercicio de favoritismo puro y duro, una muestra de que el Poder político ha optado por ellas, o, mejor dicho, está empeñado en dilapidar el matrimonio y, entre otras vías, emplea la financiación de los modelos alternativos. En suma, nuestros gobernantes privilegian los estados no matrimoniales sobre los matrimonios, y, además, lo hacen con los impuestos que éstos pagan.

El único modo de entender la adjudicación de tales ayudas sería reconocer que cualquier modelo “no matrimonial” es necesariamente incompleto, inestable y con poca capacidad de salir adelante por sí mismo, poco viable en definitiva, por lo que estaría necesitado de ayuda pública. Pero entonces, hay una total falta de coherencia en esas leyes que pretenden que estos modelos son equiparables al matrimonio y la familia de inspiración cristriana.

Un estado no debe mostrar neutralidad o indiferencia respecto de elementos y conductas que configuran el bien público en el presente y en el futuro, antes bien, debe hacer una opción preferente por ellos y promoverlos, aunque existieran otros comportamientos que no estuvieran penalizados por las leyes. Y esto no es “disciriminatorio”, es, simplemente, un criterio básico de supervivencia.

El matrimonio civil y la familia inspirados en el modelo cristiano, de sobra han demostrado ser el ámbito más favorable para la crianza de los hijos. Pero con una legislación que ha dejado el matrimonio civil devaluado y moribundo, la tasa de natalidad está por debajo de la necesaria para el relevo generacional. Promover esto ha sido una irresponsabilidad con matices suicidas, aparte de una inmensa estupidez, porque ningún estado puede sobrevivir sin ciudadanos.

Por otro lado, son tan obvias las nefastas consecuencias en el futuro de las políticas anti-matrimoniales en que se empeña desde hace años  la ideo-patología dominante en el Poder político de las sociedades occidentales, que difícilmente pueden comprenderse como un fin en sí mismas. Más bien parecen, simple y llanamente, un instrumento más para un objetivo más amplio: la pretensión del desmantelamiento de toda influencia del Cristianismo en nuestra sociedad. Para ello están dispuestos, incluso, a ponerla en riesgo de supervivencia.

Una última reflexión. El matrimonio civil hoy no tiene nada que ver con mi matrimonio cristiano, es más, yo soy el primero que no quiere la equiparación entre ambos, pues a aquél le han quitado todo su valor y, además, está penalizado, “de facto”, por las leyes. No veo ningún sentido, en estas circunstancias, que un matrimonio por la Iglesia conlleve necesariamente el matrimonio civil. Deberían ser cosas totalmente independientes, a elección de los esposos.

Sería, pienso, muy interesante, que los esposos pudieran contraer matrimonio por la Iglesia y no por lo civil. Evitarían ser “equiparados” y perjudicados. En algún sitio he leído que algún sacerdote lo hacía, casar a los novios “en secreto”, pero que alguien lo denunció y desconozco si ha sido amonestado o sancionado por ello.

“Jesús respondió: ¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, varón y mujer los hizo, y dijo: ‹‹Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará con su mujer y serán los dos una sola carne››?. De modo que ya no son dos sino una sola carne. Por consiguiente, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.”  Mt 19,4-6

Hasta el próximo artículo, si Dios quiere.

Winston Smith